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El Vaticano: De Cementerio Romano a Corazón del Catolicismo

Cuando piensas en el Vaticano hoy, probablemente imaginas grandes cúpulas, museos repletos de arte, guardias con uniformes de colores y el centro espiritual de millones de personas. 


Es un lugar de poder, historia y fe que atrae miradas de todo el mundo.

Pero, ¿y si te dijera que este epicentro global de la Iglesia Católica tuvo unos inicios mucho más humildes... de hecho, bastante sombríos? 

Retrocedamos en el tiempo, miles de años atrás, mucho antes de basílicas y palacios.

Mons Vaticanus


En la antigua Roma, lo que hoy es la Ciudad del Vaticano no era un lugar particularmente sagrado ni importante. Era, en gran parte, una colina conocida como el Mons Vaticanus, una zona fuera de los muros de la ciudad principal, asociada más bien con la adivinación (la palabra "Vaticanus" podría venir del latín vates, que significa profeta o adivino) y poco apta para grandes construcciones debido a sus suelos arcillosos.


Aquí, el emperador Nerón construyó sus jardines y un circo privado. Y, como era común fuera de los límites urbanos por razones sanitarias, la zona también albergaba una necrópolis, un vasto cementerio. 

Sí, el lugar que hoy visitan peregrinos y turistas de todo el mundo, donde se alza la Basílica de San Pedro, fue en su origen un campo santo pagano y judío, lleno de tumbas y mausoleos a pie de camino.

Crucifixion de San Pedro


La historia dio un giro importante con un evento que, en su momento, pasó casi desapercibido para la gran mayoría de los romanos: la crucifixión y, según la tradición, el entierro de San Pedro, uno de los apóstoles de Jesús, precisamente en esa necrópolis vaticana, alrededor del año 64 d.C., durante las persecuciones de Nerón. 

Su tumba, modesta como la de cualquier otro en el cementerio, se convertiría en un punto de referencia clandestino para la pequeña comunidad cristiana.

El verdadero punto de inflexión llegó con el Emperador Constantino en el siglo IV. 

Tras legalizar el cristianismo, Constantino decidió honrar la tumba de Pedro construyendo una grandiosa basílica justo encima. Para hacerlo, tuvo que nivelar parte de la colina y, asombrosamente, edificar sobre la necrópolis, preservando (sin saberlo quizás completamente) el lugar de sepultura del apóstol. 

Basílica San Pedro


Esta primera Basílica de San Pedro se convirtió en uno de los destinos de peregrinación más importantes del mundo cristiano naciente.

Con el colapso del Imperio Romano de Occidente, el vacío de poder en Italia permitió que los obispos de Roma, los Papas, fueran adquiriendo no solo autoridad espiritual, sino también influencia política y territorial.

Poco a poco, a través de donaciones, alianzas y conflictos, se consolidaron los Estados Pontificios, con el Papa como gobernante temporal de una franja considerable de Italia central, centrando su administración y su residencia principal (aunque con interrupciones) en el área vaticana de Roma.

Así, la humilde necrópolis y el lugar de martirio se transformaron en el centro de un poder tanto espiritual como terrenal que duraría más de mil años. Esta coexistencia de lo sacro y lo político en el Papado es una de las características más fascinantes de su historia.

Sin embargo, este poder temporal llegó a su fin en el siglo XIX. La unificación de Italia absorbió los Estados Pontificios, dejando al Papa sin soberanía territorial. 

Durante décadas, la "Cuestión Romana" mantuvo una tensión entre el Reino de Italia y el Papado, con los papas considerándose "prisioneros" en el Vaticano.

Tratado de Letrán


La solución no llegó hasta 1929, con la firma del Tratado de Letrán entre el Reino de Italia (bajo Mussolini) y la Santa Sede (representada por el Cardenal Gasparri en nombre de Pío XI). Este tratado reconoció la soberanía del Estado de la Ciudad del Vaticano, un territorio minúsculo pero totalmente independiente, garantizando así la libertad e independencia del Papa y la Santa Sede en el ámbito internacional.

Desde una simple colina con un cementerio y un circo, pasando por ser el corazón de un vasto estado papal, hasta convertirse en el micro-Estado soberano más famoso del mundo y el centro neurálgico de una religión global, la historia del Vaticano es un viaje increíble de transformación, fe, política y supervivencia.

Y esto es solo el comienzo de su historia...

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